El "Caso Contador" recibe el mazazo definitivo cuando menos lo esperaba
El 25 de Julio de 2010, Alberto Contador se proclamó campeón de su tercer Tour de Francia en París alzando el título logrado en la Torre Eiffel después de la última etapa. Casi un mes después, el 19 de Agosto, los servicios de antidopaje detectan en su orina exactamente unos 50 picogramos, (o 0000 000 000 05 gramos por ml) de clembuterol, una sustancia prohibida, clasificada como agente anabólico en la lista de la Agencia Mundial de Antidopaje (AMA).
A partir de ahí se produce un giro inesperado en la inmaculada carrera del ciclista, todo se tuerce poco a poco. Alberto es suspendido inmediata mente de forma provisional por la UCI hasta que se celebre el juicio que dictaminará si es culpable o inocente por las pruebas obtenidas.
Alberto no lo duda, está convencido que se trata de una contaminación alimentaria que incorporaba el solomillo que había ingerido días antes de la prueba, y solicita el contra análisis inmediatamente. Con este hecho se ve a continuación envuelto en el caso su cocinero, Paco Olalla, responsable según el ciclista de proporcionarle carne en mal estado, y el cual se ha defendido en innumerables ocasiones contraindicando la defensa del deportista.
En el mundo del ciclismo, se puede decir que es casi imposible para un ciclista, obtener la inocencia después de haber sido acusado de un caso de dopaje, ya que las pruebas que se suelen presentar en la mayoría de ocasiones son incriminatorias y casi indudables. Aún así, en este caso se iba a producir la excepción que rompe la regla. Por falta de pruebas, y con las características que, visto lo visto, no concluían una resolución de culpabilidad clara, el comité de Competición de la RFEC, justamente hace justo un año, decidió que Contador no debiera ser sancionado, lo que le devolvió su libertad para competir.
Obviamente, el caso no acabó aquí, la UCI recurrió ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS), que sería el encargado de dictaminar sentencia sobre la acusación de doble transfusión de sangre por parte de la AMA, o por la sencilla razón de una pequeña contaminación de carne que alude el ciclista.
La vista se celebró en Noviembre, a la que Contador llegó después de haberse proclamado campeón del Giro y de haber obtenido la quinta posición en el Tour. El organismo espera hasta Enero para anunciar la resolución, retrasándola finalmente a Febrero, para sentenciar finalmente al ciclista con la pena máxima posible por dopaje, castigándole con dos años de suspensión y retirándole la victoria en el Tour de 2010 y en el Giro de 2011. Pena que se incrementó aún más con la no posible participación en el Tour de este año y sobre todo, en los Juegos Olímpicos de Londres que se celebrarán en Agosto, dicho mes casualmente en el que acaba el período de suspensión, ya que se cuenta el tiempo que ya estuvo inactivo provisionalmente el ciclista cuando se anunció el positivo.

Contador no debe rendirse a la vista de las peculiaridades del caso. Y más si cabe si se pueden visualizar contenidos que no se ajustan ni se relacionan en el caso unos con otros. Por ejemplo, hay que estar atento a la más que probable contradicción entre la normativa antidopaje internacional, que establece que, con excepción de aquellas sustancias para las que se ha establecido un umbral o límite cuantitativo, la presencia de cualquier cantidad de sustancia prohibida, metabolitos o marcadores, constituye una infracción antidopaje, y la sentencia dictaminada por el TAS, ya que entonces por regla básica y general, la mínima cantidad de clembuterol encontrada jamás podría otorgar al ciclista un incremento de su rendimiento, lo que estaríamos hablando de un dopaje nulo. De hecho, el laudo arbitral insiste en varias ocasiones que es indiscutido por todas las partes que el ciclista cometió una infracción antidopaje por la mera presencia de la sustancia prohibida en sus muestras, algo que no concuerda con la propia normativa antidopaje.

A la vista de dicho caso, y con sus respectivas pruebas, lo que no cabe la menor duda es de que se trata de un hecho ante todo raro, distinto y peculiar. Pero ante todo, el golpe recibido para el deporte español e internacional es evidente y digno de una gran tristeza e impotencia. No podemos olvidar que se trata, junto a Rafa Nadal, del posiblemente mejor deportista español en estos últimos tiempos. A su vez, el ciclismo recibe otro mazazo en su lucha por encontrar la dignidad después de estar sometido continuamente a casos como este de dopaje, que no paran de salpicarle.